
El bosque en Canindeyú, en el corazón del Paraguay oriental, es como una casa con muchas habitaciones. Los troncos de cedro forman las paredes, y las hojas y ramas, los techos.

Una joven madre rural de Paraguay volvió a su comunidad luego de probar suerte en la ciudad. Ahora se apoya en la producción de rubros de autoconsumo, cítricos y árboles nativos que cultiva en su finca familiar. Los resultados que está teniendo le renovaron la esperanza, y aspira a terminar los estudios que no pudo culminar.

Los bosques tienen un gran significado e importancia histórica y espiritual para la cultura, así como un aporte esencial para los medios de vida de los Pueblos Indígenas. Sus conocimientos tradicionales y los cuidados ancestrales suman esfuerzos para la preservación de los ecosistemas y la biodiversidad, constituyéndolos en actores importantes para la mitigación y adaptación al cambio climático.

Familias Mbya guaraní de Paraguay esperan que el cultivo de árboles nativos fortalezca la reforestación que vienen haciendo desde hace una década, como forma de enfrentar un presente de crecientes extremos climáticos. “Muchos beneficios nos da un árbol. Sirve de protección para frenar vientos fuertes y tormentas, si tenemos pequeños montecitos de árboles alrededor de nuestras casas y chacras”, dice Benicio Ramírez (39).

La esperanza de que el cultivo de yerba mate fortalezca la comercialización del producto y paralamente su entorno mantenga viva la medicina tradicional de la comunidad, es la visión que nos comparte una de las últimas guardianas de las tradiciones del Pueblo Ava Guaraní. Juliana Vera (44) vive en Río Verde, una comunidad indígena Ava Guaraní ubicada a más de 300 kilómetros de la ciudad de Asunción, en el distrito de Capiibary, departamento de San Pedro.

Recorre cada día en una carreta casi 4 kilómetros para llegar a su finca. Hasta hace poco tiempo, tenía que llevar consigo bidones y baldes con agua para su uso y para dar de beber a los dos bueyes que se encargan de mover su medio de transporte. La falta de agua es uno de los problemas de César Arrúa, agricultor de 46 años de la localidad San Juan Nepomuceno, del departamento de Caazapá.

